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Soja y tiroides: resolvemos dudas

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¿Consumir productos que contienen soja puede afectar a la función tiroidea? ¿Los derivados de la  soja son perjudiciales para la tiroides

En este nuevo artículo, queremos hablar de verdades y falsos mitos sobre la soja y la posible  interferencia entre su consumo y sus efectos en la glándula tiroidea.

Soja: beneficios, propiedades y contraindicaciones

Cuenco de soja

La soja (Glycine max) es una planta de la familia de las Fabaceae originaria de Asia oriental. Siempre  ha sido un alimento básico en la dieta de los países orientales y en las últimas décadas también ha  conquistado a los consumidores occidentales. 

Es una excelente fuente de proteína vegetal y se utiliza para preparar alimentos derivados, como la  leche de soja, el tofu, la salsa de soja, el tempeh y el miso. 

Entre sus componentes más interesantes, se encuentran las isoflavonas, compuestos clasificados como  fitoestrógenos, es decir, sustancias naturales con propiedades similares a las hormonas que tienen la  capacidad de unirse a los receptores de estrógenos.

En repetidas ocasiones se ha cuestionado la actividad de las isoflavonas en la tiroides y, por ello, ha  sido objeto de varias investigaciones científicas. 

En este artículo, intentaremos resumir y aclarar si efectivamente la soja y los compuestos que contiene,  en particular las isoflavonas, pueden formar parte de la dieta y si interfieren con la tiroides.

¿Cuáles son los derivados de la soja?

La soja, un alimento muy interesante desde el punto de vista nutricional, es rica en proteínas —tiene  casi 37 gramos por cada 100 gramos de producto—, pero también en lípidos y fibra, con 19 gramos y  12 gramos por cada 100 gramos de producto, respectivamente. Se utiliza para elaborar muchos  derivados, como bebidas, salsas, aceite, leche de soja, tofu, tempeh y miso. Estos últimos alimentos  merecen que nos detengamos un poco en ellos. 

El miso es un alimento con una larga tradición en Japón, rico en nutrientes y especialmente útil para  mantener el bienestar de la flora intestinal. Se produce mediante una larga fermentación de las habas de  soja amarillas, a las que se añade sal, un hongo (koji) y, a veces, un cereal (arroz o cebada). Las  distintas combinaciones de estos ingredientes y sus proporciones dan lugar a diferentes tipos de miso:  hay variantes más dulces y suaves y otras con un sabor más intenso y robusto.

Otro alimento que va ganando cada vez más importancia en nuestras mesas, sobre todo por las  mañanas, es la leche de soja, que se obtiene prensando habas de soja cocidas y trituradas. Se vende  tanto natural como endulzada y a veces se enriquece con calcio y vitaminas para mejorar su perfil  nutricional. Al igual que la leche de vaca, puede consumirse como bebida o como ingrediente en otras  recetas. 

Un vaso de leche de soja

Y el tofu, ¿lo conoces? Es de origen chino y se confunde a menudo con un queso, puede que por su  consistencia y su aspecto blanquecino. Se produce cuajando bebida de soja con nigari, un cuajo a base  de minerales. Su sabor es totalmente neutro y es una buena fuente de proteínas; queda perfecto si se  combina con otros ingredientes para hacerlo más sabroso. 

¿Y el tempeh? Ahora mismo te hablamos de él. Se elabora a partir de habas de soja cocidas y  fermentadas y se presenta como un panecillo compacto cubierto de un ligero moho blanco. Se  considera un alimento muy nutritivo y versátil en la cocina, que puede consumirse cocinado a la  plancha, en ragús de verduras de inspiración oriental o incluso en forma de sabrosos filetes empanados.

La soja y la función tiroidea: la relación con las isoflavonas

La soja es una fuente muy rica de isoflavonas, compuestos considerados fitoestrógenos. Estas  moléculas actúan a varios niveles en el organismo, pero es interesante conocer mejor su acción en la  glándula tiroides. De hecho, las isoflavonas pueden inhibir la acción de la peroxidasa tiroidea, una  enzima presente en las células de la tiroides y necesaria para sintetizar las hormonas tiroideas;  precisamente por este motivo, se ha sugerido que la ingesta de soja en la dieta podría aumentar el  riesgo de hipotiroidismo. 

A raíz de estas observaciones, la comunidad científica ha dedicado una mayor atención a la ingesta de  soja en la dieta, en particular en las personas con hipotiroidismo

A día de hoy, tras años y años de debate, ha quedado demostrado que los alimentos a base de soja no  alteran la producción de hormonas tiroideas en personas con función tiroidea normal. En cambio,  en pacientes con hipotiroidismo, los fitoestrógenos presentes en la soja pueden influir en la absorción  de la levotiroxina (principio activo de elección para el tratamiento de esta disfunción tiroidea), pero  solo si se consumen en grandes cantidades. 

Por lo tanto, los pacientes con tratamiento farmacológico pueden seguir consumiendo soja,  siempre que el medicamento se tome al menos 30-60 minutos antes de la comida. 

Además, en el caso de la tiroides, es inevitable hablar del yodo. Su función está regulada por la  hormona TSH, que permite a la glándula absorber el yodo y estimula la síntesis y la secreción de  hormonas tiroideas. Por lo tanto, garantizar una ingesta adecuada de yodo evita carencias que podrían  provocar el agrandamiento de la tiroides en un intento de absorber este elemento. 

Algunos estudios científicos sugieren que las isoflavonas no afectan negativamente a la función  tiroidea, ni siquiera en personas con una ingesta marginal de yodo.

Entonces, ¿las personas con problemas de tiroides pueden comer soja y sus derivados?

Lo que sí podemos decir teniendo en cuenta las recomendaciones más recientes es que la soja puede  considerarse un alimento seguro tanto para personas sin problemas de tiroides como para  pacientes con disfunción tiroidea, siempre que tomen algunas precauciones especiales si siguen un  tratamiento farmacológico. 

En conclusión, la alimentación también puede desempeñar un papel muy importante en la salud  de la tiroides, por lo que es importante elegir conscientemente alimentos ricos en nutrientes esenciales  necesarios para la síntesis de las hormonas tiroideas, como el yodo y el selenio. 

Lo que sí es útil es hacer una dieta lo más variada posible, sin abusar de ningún alimento, y consultar  al médico o un nutricionista si necesitamos indicaciones más específicas en función de nuestras  necesidades y estado de salud.

Bibliografia

  • https://www.medscape.com/viewarticle/943151?form=fpf
  • Neither soyfoods nor isoflavones warrant classification as endocrine disruptors: a technical review of the observational and clinical data. Crit Rev Food Sci Nutr 2021 Mar 27;1-57.
  • https://associazionemediciendocrinologi.it/images/pubblicazioni/AMEFlash/2021/AME_Flash-18-settembre-2021.pdf

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