Perder peso

¿Las dietas bajas en carbohidratos realmente  ayudan a perder peso?

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Índice

El mercado de las dietas bajas en carbohidratos

Adelgazar rápidamente es el sueño de muchas personas. 

Hoy en día, son muchas las dietas que prometen este resultado, y una buena parte de ellas utiliza como  estrategia la eliminación o reducción drástica de los hidratos de carbono

La importancia exagerada que se concede al aspecto físico y a la figura, ha dado lugar a todo  un «mercado» de dietas que a menudo combina intereses comerciales con un interés más bien escaso  por la salud real de las personas. 

En este caos informativo, incluso dietas especiales que podrían ser útiles para el manejo de situaciones  clínicas particulares —como la dieta cetogénica—, pueden malinterpretarse o aplicarse de forma  inadecuada, llegando a ser perjudiciales para la salud.

¿Qué son las dietas cetogénicas?

La dieta cetogénica es una dieta que consiste en reducir los hidratos de carbono y priorizar las  proteínas y las grasas (en esta dieta, los azúcares representan un aporte nutricional diario inferior al  5 %). Esta situación obliga al organismo a producir de forma autónoma la glucosa que necesita para  vivir, lo cual aumenta el consumo de las grasas almacenadas en el tejido adiposo. 

El concepto de «dieta cetogénica» surge en los años 20 del siglo pasado, en un intento de identificar  pautas alimenticias que complementaran la terapia para tratar la epilepsia

Durante estos años, se realizaron estudios sobre el ayuno cíclico, que se mantenía durante varias  semanas y limitaba ciertos alimentos (especialmente los hidratos de carbono), ya que, se pensaba, que el  ayuno podía «sedar» de alguna manera las crisis epilépticas. 

El aumento del sobrepeso y la obesidad ha vuelto a poner de actualidad este modelo alimenticio,  despojándolo de su contexto y fomentando la difusión de dietas sumamente hipocalóricas,  hiperproteicas o denominadas «low carb», con un contenido bajo de hidratos de carbono.

Alimentos para dieta cetogénica baja en carbohidratos y alta en grasas

¿Qué significa «cetogénico»?

La «dieta cetogénica» (que literalmente significa «dieta generadora de cetonas») recibe su nombre  porque este tipo de plan alimenticio estimula la producción de unas sustancias denominadas  «cuerpos cetónicos» por parte del organismo. 

Estas sustancias son el ácido acetoacético, el ácido betahidroxibutírico y la acetona. Esta última se  elimina mediante los riñones en la orina y por los pulmones con la respiración.

Su presencia, en particular de la acetona, confiere al aliento y a la orina un característico olor, entre  afrutado y dulzón, parecido al de la acetona que se emplea como quitaesmalte de uñas; en el siglo XIX,  este olor característico permitió detectar por primera vez cuerpos cetónicos en la orina de pacientes  diabéticos.

¿Para qué sirven los cuerpos cetónicos?

El hígado produce cuerpos cetónicos principalmente a partir de ácidos grasos (así como de algunos  aminoácidos, o de acetato y etanol) con el objetivo de tener fuentes de energía alternativas a la  glucosa cuando esta escasea. 

De hecho, el corazón, el músculo esquelético y los riñones son capaces de utilizar los cuerpos cetónicos para obtener energía y ahorrar así glucosa; es más, este preciado azúcar se conserva para  el cerebro en situaciones de «escasez». 

La producción de cuerpos cetónicos está regulada por la disponibilidad de ácidos grasos, que el tejido  adiposo (el depósito de grasa del organismo) libera si es necesario tras recibir señales hormonales  específicas.

La cetosis

La insulina producida por el páncreas se encarga de inhibir la liberación de ácidos grasos. Después  de una comida rica en hidratos de carbono, el páncreas segrega insulina, que facilita la absorción de las  grandes cantidades de glucosa ingeridas y bloquea la liberación de ácidos grasos. Por lo tanto, también  inhibe la formación de cuerpos cetónicos, puesto que ya hay suficiente energía en circulación. 

La cantidad de cuerpos cetónicos en el organismo (o «cetosis») depende del equilibrio entre  la producción de estas sustancias por parte del hígado y la capacidad de los tejidos (por ejemplo, el  músculo esquelético) para utilizarlos, por lo que está estrechamente relacionada con el estado  fisiopatológico del organismo. 

La cetosis puede medirse directamente detectando la cantidad de cuerpos cetónicos en la sangre  («cetonemia») o la que se excreta en la orina («cetonuria»). 

Los cuerpos cetónicos tienen una doble naturaleza:

  • por un lado permiten aprovechar las grasas, que son difíciles de manejar porque no son  solubles en los fluidos corporales acuosos (en el caso de la cetosis fisiológica);
  • no obstante, si se producen más cuerpos cetónicos de los que realmente puede aprovechar el  organismo, un exceso puede llegar a ser peligroso, en cuyo caso hablaríamos de cetosis  patológica.

Dietas cetogénicas y posibles riesgos

Cuando se produce un exceso de cuerpos cetónicos, la causa puede ser, por ejemplo, un desequilibrio  en el metabolismo de las grasas y los hidratos de carbono o patologías como la diabetes mellitus  tipo 1. 

Cuando la producción de cuerpos cetónicos supera su utilización, aumenta su concentración en la  sangre. Esta situación puede ser peligrosa, ya que son sustancias ácidas capaces de alterar el pH de la  sangre, hasta tal punto que pueden generar una acidosis metabólica (concretamente una  «cetoacidosis»). 

El organismo responde a este estado tratando de adaptarse y poniendo en marcha mecanismos de  compensación a través de los riñones y los pulmones.

Sin embargo, a corto plazo, pueden aparecer efectos secundarios dependientes de la acidosis, como: 

  • halitosis (olor afrutado característico, como a «acetona») 
  • cefaleas 
  • náusea y vómito 
  • diarrea 
  • rechazo de la comida y falta de apetito 
  • somnolencia 
  • hipoglucemia 
  • deshidratación y boca seca
Mujer joven cansada mirando por la ventana de un tren, apoyando la cabeza en la mano

En cambio, a largo plazo existe riesgo de desarrollar estreñimiento, cambios en los niveles  sanguíneos de calcio, ácido úrico y proteínas, y cálculos renales.

Contraindicaciones de la dieta cetogénica

Aunque las dietas cetogénicas han conseguido buenos resultados en epilepsias infantiles que no  responden a los tratamientos farmacológicos para reducir la incidencia de las convulsiones, pueden  plantear riesgos. 

El estado de cetoacidosis que hemos mencionado antes es el responsable de una serie de  complicaciones más o menos graves, que pueden suponer un riesgo para segmentos específicos de la  población. Por esta razón, las dietas cetogénicas están contraindicadas: 

  • durante el embarazo y la lactancia 
  • en la diabetes tipo 1 (una enfermedad que de por sí ya predispone a la cetoacidosis) en casos de alcoholismo, trastornos psíquicos y del comportamiento 
  • en caso de insuficiencia hepática o renal 
  • en presencia de porfiria, angina inestable o infarto de miocardio

Ejemplos de dietas cetogénicas

Hoy en día existen en el mercado varias dietas cetogénicas o bajas en carbohidratos, conocidas también  como dietas «sin azúcar» o «low carb». 

  • Un ejemplo es la dieta Atkins, hipocalórica y cetogénica: esta dieta prevé una reducción  drástica de los hidratos de carbono, al tiempo que permite consumir libremente grasas y  proteínas. Por tanto, el metabolismo se enfoca a la producción de cuerpos cetónicos. 

 

Las personas que siguen esta dieta suelen motivarse mucho porque adelgazan con gran rapidez; no  obstante, esta bajada de peso tan acelerada se debe a la pérdida de agua y de las reservas  energéticas musculares, no a la reducción de la grasa corporal.

Carne de res, pollo, salmón y camarones sobre una tabla de madera, junto a huevos frescos en un nido de paja
  • Por otro lado, la dieta paleo y las dietas LCHF (Low Carb-High Fat) son regímenes que  pretenden seguir los hábitos alimenticios de los humanos primitivos y comparten la idea de  recuperar las capacidades metabólicas previas a la aparición de la agricultura.

 

Según estos planteamientos, la estrategia alimenticia debería ser parecida a la que seguían nuestros  antepasados: comidas a base de grasas y proteínas (derivadas de la caza) y fibra (procedente de la  recolección espontánea), alternando periodos de ayuno (en función de la disponibilidad de  alimentos). También en este caso, el metabolismo se orienta hacia la producción de cuerpos  cetónicos.

Por último, una opción intermedia muy interesante entre la dieta mediterránea y la cetogénica es  la dieta cetogénica mediterránea española, que se está estudiando por su posible capacidad para  favorecer la recuperación hepática en el hígado graso no alcohólico. 

Este modelo alimenticio prevé: 

  • una gran reducción del consumo de hidratos de carbono 
  • diferenciación del consumo de vegetales, precisamente por su contenido en hidratos de carbono un elevado consumo de pescado como fuente de proteínas 
  • abundante aceite de oliva como fuente de grasas

La dieta mediterránea frente a la dieta cetogénica

En 2010, la dieta mediterránea fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la  Humanidad, y posteriormente se inscribió en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial: 

«La dieta mediterránea comprende un conjunto de conocimientos, competencias prácticas, rituales,  tradiciones y símbolos relacionados con los cultivos y cosechas agrícolas, la pesca y la cría de  animales, y también con la forma de conservar, transformar, cocinar, compartir y consumir los  alimentos. El acto de comer juntos es uno de los fundamentos de la identidad y continuidad culturales  de las comunidades de la cuenca del Mediterráneo. La dieta mediterránea pone de relieve los valores  de hospitalidad, buena vecindad, diálogo intercultural y creatividad, así como un modo de vida que se  guía por el respeto de la diversidad (…)» 

Sus alimentos básicos son frutas, hortalizas de temporada y cereales integrales, sin olvidar  el pescado (especialmente el azul), como buena alternativa a la carne, y el aceite de oliva virgen  extra.

Las raciones diarias de la dieta mediterránea, que concede a la fruta y la verdura un papel fundamental,  se desglosan de la siguiente manera: 

  • 55-60 % de hidratos de carbono (de los cuales solo el 20 % son azúcares simples)
  • 10-15 % de proteínas 
  • 25-30 % de grasa 

 

Como vemos, hay un claro contraste con el modelo cetogénico, que implica una ingesta de  carbohidratos inferior al 5 % de la ingesta nutricional diaria, mientras que las proteínas y las grasas  pueden tomarse en grandes cantidades.

No adelgazas de verdad eliminando los hidratos de carbono

La cetosis es una condición fisiológica que, si es excesiva o se prolonga en el tiempo, puede convertirse  en un estado patológico. 

Una alimentación equilibrada y saludable debe evitar la cetosis pronunciada, porque supone una  situación estresante para el organismo. 

Para responder a una carencia prolongada de glucosa, el cerebro entra en modo «escasez» y  desencadena una serie de reacciones metabólicas y hormonales que transforman las proteínas y los  aminoácidos derivados de los músculos en glucosa.

Mesa vista desde arriba con platos típicos de la dieta mediterránea: mariscos, quesos, jamón, tomate con mozzarella y verduras

Este proceso conduce a la pérdida de masa muscular magra. Las dietas muy hipocalóricas o  cetogénicas provocan una pérdida repentina de peso, pero esta se refleja en una reducción de la masa  muscular y no de la grasa. 

¡Pierdes peso, pero no adelgazas! 

Al mismo tiempo, como el tejido muscular contiene grandes cantidades de mitocondrias, que son  pequeñas «fábricas» de energía del cuerpo, la destrucción de este tejido tan metabólicamente activo  conduce a una ralentización del metabolismo, otro factor que afecta a la pérdida de peso. 

Al terminar la dieta cetogénica, si la persona retoma su dieta normal, experimentará un repentino  aumento de peso, ya que acumulará más masa grasa que antes de empezar la dieta. 

Por eso, las dietas basadas en la eliminación de los hidratos de carbono no ayudan realmente a  adelgazar: en una dieta equilibrada, aunque el objetivo sea adelgazar, ¡los hidratos de carbono no  deben faltar nunca! 

Hay que controlar su ingesta, pensando siempre en llevar una dieta consciente y personalizada.

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