En las últimas décadas, la agricultura intensiva ha contribuido enormemente a la deforestación, la pérdida de biodiversidad y las emisiones de gases de efecto invernadero; de hecho, se sabe que es una de las principales fuentes de deterioro medioambiental.
Ante este panorama, ha sido necesario revisar los sistemas agrícolas tradicionales, destacando la necesidad de promover prácticas más sostenibles. La agricultura regenerativa se presenta como una solución prometedora para afrontar estos retos.
Replantear los sistemas agrarios y alimentarios con la agricultura regenerativa
Cuando hablamos de agricultura regenerativa nos referimos a un enfoque agrícola innovador que, mediante la combinación de métodos agrícolas y prácticas agroecológicas, pretende no solo mantener la productividad agrícola, sino también recuperar los recursos naturales que utiliza.
De hecho, la agricultura regenerativa tiene como objetivo:
- restaurar la salud del suelo;
- aumentar la biodiversidad;
- mejorar los recursos hídricos;
- secuestrar carbono.
La «agricultura regenerativa» no es un concepto nuevo; de hecho, el Rodale Institute, una organización estadounidense sin ánimo de lucro, acuñó esta expresión en los años 80. El objetivo era proponer un nuevo modelo agrícola que se alejara de un sistema industrial convencional que estaba destruyendo los recursos naturales.
En España existe la agricultura regenerativa y ya son varias las empresas que apuestan por este modelo de producción agrícola. Sin embargo, todavía no existe una regulación específica y unívoca sobre la agricultura regenerativa.
La agricultura regenerativa sigue cinco principios fundamentales:
- Conservar la estructura del suelo;
- Aumentar la biodiversidad de especies vegetales y microbianas;
- Reducir la huella de carbono;
- Mantener el suelo cubierto;
- Incorporar el ganado a las prácticas agrícolas.
¿Hay diferencias entre la agricultura ecológica y la regenerativa?
La agricultura ecológica y la regenerativa son dos tipos de agricultura complementarios; de hecho, podemos hablar de agricultura orgánica (y) regenerativa.
Según el Reglamento 848/2018, la agricultura ecológica es un sistema general de gestión agrícola y producción de alimentos que combina las mejores prácticas en materia de medio ambiente y clima, un elevado nivel de biodiversidad, la conservación de los recursos naturales y la aplicación de normas exigentes sobre bienestar animal y sobre producción que responden a la demanda, expresada por un creciente número de consumidores, de productos obtenidos a partir de sustancias y procesos naturales.
Por lo tanto, pretende eliminar prácticas potencialmente perjudiciales para el ser humano y el medio ambiente, como el uso de productos químicos u organismos modificados genéticamente.
La agricultura regenerativa, que parte de los mismos principios que la agricultura ecológica, no solo promueve buenas prácticas agrícolas, sino que aspira a tener un impacto positivo en el ecosistema, y aportar así un valor añadido al suelo, a la biodiversidad y a todo el sistema agrícola.
Los alimentos producidos por la agricultura regenerativa son fruto de cultivos cuidados con esmero y respetando el medio ambiente, proceden de suelos ricos y, por eso, son más nutritivos y adecuados para una alimentación sana y consciente.
Las técnicas de la agricultura regenerativa
El suelo está formado por un componente mineral y por materia orgánica (SOM), que a su vez se compone principalmente de carbono procedente de residuos animales y vegetales. De hecho, el suelo es una especie de almacén de carbono.
Es un sistema vivo y dinámico: la presencia de microorganismos y hongos es esencial para los cultivos. De esta manera, se crea una relación simbiótica: la microbiota y fúngica que encuentra refugio y nutrientes en el suelo es capaz de descomponer la materia orgánica en sustancias más simples, que las plantas cultivadas pueden aprovechar.
La materia orgánica del suelo no solo es una fuente de alimento para la microbiota que lo habita, sino que también es el cemento que mantiene unidos los agregados que lo componen.
Y es que el suelo tiene una estructura porosa y bien organizada, en la que se pueden distinguir:
- microporos: pequeños orificios que permiten el ascenso capilar del agua, que queda así a disposición de la planta.
- macroporos: orificios de mayor tamaño que permiten un buen drenaje del agua y dejan pasar el aire a través del suelo.
Vamos a ver cuáles son las principales técnicas que utiliza la agricultura regenerativa para cumplir sus objetivos.
1) Labranza de conservación del suelo
Para obtener alimentos nutritivos, es esencial conservar la fertilidad del suelo; para ello, se puede limitar la intensidad y el número de operaciones de labranza, optando por aradas superficiales.
Las aradas tradicionales, al ser muy profundas, invierten las capas del suelo y cambian su estructura natural, con todo lo que ello implica:
- una menor cantidad de agua disponible para los cultivos;
- el empeoramiento de la conductividad hidráulica del suelo: si aumentan los macroporos, el agua tenderá a descender a mayor profundidad;
- la pérdida de materia orgánica: la exposición al aire provocada por la arada acelera la oxidación de la materia orgánica, que se liberará en forma de CO2 a la atmósfera; como consecuencia, disminuye la cantidad de carbono almacenada en el suelo;
- una menor fertilidad debida a la pérdida de materia orgánica: los cultivos tienen menos nutrientes disponibles, por lo que es necesario aumentar las dosis de abono;
- la transformación de los hábitats subterráneos.
Por lo tanto, para tener un suelo más fértil y evitar la pérdida de agua y biodiversidad de la microbiota, es muy importante conservar su estructura.
El tránsito continuado de maquinaria pesada también tiene un impacto negativo en el suelo; de hecho, puede provocar que las capas inferiores del suelo se compacten, reduciendo su porosidad y dificultando el crecimiento de las raíces. Un suelo muy compacto tiene problemas de drenaje y aireación, lo que limita la capacidad de las plantas para absorber nutrientes, gases y agua.
Para evitar la compactación del suelo, es preferible utilizar ruedas de oruga de baja presión u optar por el tráfico controlado en determinadas franjas.
2) Mantener el suelo cubierto
Un suelo desprovisto de plantas tiende a perder nutrientes del agroecosistema. Para evitarlo, se utilizan cultivos de cobertura (cover crops) para no dejar el suelo sin cubrir, especialmente en los meses en los que el campo está en reposo, como el invierno.
Gracias a estos cultivos, se consigue:
- el aumento de materia orgánica en el suelo;
- una mayor fijación del nitrógeno, especialmente si los cultivos utilizados son leguminosas. Gracias a su uso como abono verde, mejora la disponibilidad de nitrógeno asimilable para los cultivos posteriores;
- la conservación de la estructura del suelo: los cultivos de cobertura protegen el suelo de las lluvias torrenciales, que tienden a generar fenómenos de escorrentía y erosión, sobre todo en las colinas.
- una microbiota bacteriana y fúngica más viva y sana;
- un menor crecimiento de malas hierbas: un ejemplo son las raíces de la mostaza, que impiden el crecimiento de plantas no deseadas liberando sustancias;
- un menor uso de fertilizantes o pesticidas químicos.
3) Integración de la ganadería en los cultivos
La incorporación de ganado y el uso de compost mejoran aún más la fertilidad del suelo y su capacidad para retener el agua. Se crea así un círculo virtuoso en el que los cultivos proporcionan alimento al ganado y el estiércol animal fertiliza el suelo.
4) Acabar con los monocultivos
Los monocultivos agotan los hábitats y, en consecuencia, se reduce la disponibilidad de alimentos para los insectos polinizadores. La agricultura regenerativa promueve el uso de una amplia variedad de especies vegetales con el fin de aumentar la biodiversidad del agroecosistema.
Gracias a ello, aumenta la resistencia a las enfermedades y la resiliencia del ecosistema, sobre todo frente al cambio climático.
5) Introducción de tecnologías innovadoras que pueden transformar la agricultura
La agricultura regenerativa no implica solo la adopción de prácticas de conservación; también abarca las tecnologías más avanzadas.
En este sector también se utilizan GPS, sensores, drones y análisis de datos. El riego inteligente es un ejemplo de ello: con unos pequeños sensores, se evalúa el estrés hídrico a distancia y se recomienda la cantidad adecuada de agua que se debe suministrar a la planta. Otros sistemas permiten controlar los niveles de humedad, la presencia de plagas o los niveles de microbioma y carbono.
Así pues, las tecnologías avanzadas pueden reducir la necesidad de arar, optimizar el uso de agua, fertilizantes y otros recursos.
También es posible crear modelos predictivos que ayuden a los agricultores a tomar decisiones que favorezcan la salud del suelo y la productividad agrícola. Gracias a este tipo de tecnología, cultivar es más sencillo y eficiente.
Cómo y por qué seguir una agricultura regenerativa y sostenible
La transición a la agricultura regenerativa requiere un esfuerzo considerable, pero los beneficios a largo plazo para el medio ambiente y la salud humana la convierten en una opción sumamente beneficiosa. De hecho, la agricultura regenerativa:
- mejora la salud del suelo, ya que lo hace más sano y fértil, por lo que requiere menos sustancias químicas y puede albergar una mayor biodiversidad;
- permite obtener cosechas más estables y productivas, reduciendo también los costes para los agricultores;
- contribuye a mitigar el cambio climático. Al capturar y almacenar carbono en el suelo y en la biomasa, estas prácticas pueden reducir la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera;
- permite producir alimentos más sanos y nutritivos.
La agricultura regenerativa fomenta así la economía circular y hace que la producción sea más sostenible.
Agricultura regenerativa y alimentación consciente
La agricultura regenerativa está muy relacionada con la alimentación consciente, ya que nos permite poner en el plato productos de alta calidad, ecológicos y sostenibles. Conocer los efectos que tienen los alimentos en nuestro organismo es importante, ya que nuestra salud también depende de lo que decidimos comer.
Los suelos sanos y ricos en materia orgánica permiten a la planta obtener más elementos esenciales para su desarrollo, lo que aumenta la calidad nutricional de los alimentos procedentes de la agricultura regenerativa. La agricultura regenerativa también evita el uso de sustancias químicas y esto permite obtener alimentos sin contaminantes y más seguros.
Por lo tanto, conocer el tipo de cadena de suministro y la forma en que se producen los alimentos es importante para hacer una compra sostenible. No olvidemos tampoco que es recomendable elegir productos locales y de temporada para apoyar a los pequeños agricultores y contribuir a la economía local.
Podemos abordar los retos medioambientales con un enfoque innovador y prometedor adoptando la agricultura regenerativa y eligiendo los alimentos producidos con esta modalidad. De este modo, podremos proteger no solo la salud del planeta, sino también la de las personas. Si hacemos un esfuerzo colectivo, desde el productor hasta el consumidor, podemos crear sistemas alimentarios más sostenibles.